Historia a la carta

En los rincones de la memoria

Como siempre, antes que nada, queremos agradecer a J.Mª.S.M. que nos haya planteado la idea de hablar sobre la cueva que hay bajo la Plazuela de Palacio.

Nos pareció muy atractiva esta propuesta y, aunque no hemos encontrado ningún documento escrito que nos pueda ayudar, el tema nos intrigó y buscamos lo que nosotros llamamos memoria viva.

 

Gracias a este recurso sí que encontramos testimonio de algún vecino de Chinchón que recordaba haberla recorrido de niño... hace muchos años.

 

Historia en primera persona. Interesante, ¿no?.

 

Vamos a la tarea..., que hoy no es otra que desempolvar los rincones de la memoria de las gentes de nuestro pueblo.


El vecino con el que hemos hablado prefiere guardar su anonimato, nos dice con una sonrisa amplia que "no quiere que le pidan autógrafos cuando salga a la calle". Respetamos su deseo, le llamaremos Juanito. Transcribimos a continuación aquella charla:

Juanito ya hace mucho que cumplió los 70 años, todos ellos trabajados, vividos y disfrutados en Chinchón, según nos apunta él mismo .

Nos cuenta esta historia con sus palabras y las adorna con giros de aquí. Tiene un brillo pícaro en los ojos mientras refresca sus recuerdos, como si aquella travesura la estuviese haciendo en este momento.

Los primeros días sólo se asomaron al agujero que se había abierto en la tapia, aunque no la veían peligrosa por el valor que les daba sus pocos años, sí que era oscura, así que trazaron un plan.  

Decidieron que iban a comprar una tea (antorcha de madera, papel y resina) en una tiendecita de barrio de la calle de Morata, un poco ferretería y otro poco bazar, que regentaban la tía Filo y su marido, el tío Pablo. Ése fue todo el plan.

 

Esto era allá por los años cincuenta del siglo pasado... ya ha llovido.

 

Así lo hicieron, reunieron el poco dinero que tenían para comprar aquella tea, ni siquiera tenían suficiente para comprar dos, así que no iban a tener más remedio que vigilar la antorcha para, cuando fuese consumiéndose, ir pensando en salir, para que no se quedaran a oscuras antes de alcanzar la salida. La tía Filo les dijo que duraba una media hora. Ellos pensaron que era una suerte que el reloj de la torre estuviese tan cerca, lo que no pensaron fue en cómo iban a poder ver el reloj desde dentro de la cueva. 


Esto es lo que tenemos hasta ahora: media docena de chavales con más curiosidad que prudencia, una antorcha, tiempo libre y una cavidad en el terreno... ¿qué podía salir mal?

"No pasan más cosas porque Dios no quiere" nos dice Juanito siguiendo con su historia, "pero nosotros no pensábamos que pudiera haber peligro. Entramos, exploramos lo que nos dejó la tea y salimos corriendo... un poco asustados, es verdad,  pero orgullosos de nuestra hazaña.

Uno se había resbalado y se había desollado un poco en un codo. No le dijeron nada en su casa. Raro era el día que no llegábamos 'escalabraos' ", nos decía entre risas. "Siempre estábamos danzando"

Le preguntamos si se acordaba del interior de la cueva y nos dijo lo siguiente:

Aquel acceso está así en la actualidad.


"Desde la calle entramos a 'arrastraculo', con perdón,  porque había como un terraplén de lo que se había hundido, luego se allanaba el terreno. Como a cuatro o seis metros de la entrada, además del camino por el que íbamos nosotros, salían como otros 'ramales' a la derecha y a la izquierda. Todos estaban oscuros como boca de lobo. 

Como no teníamos luz para mucho tiempo decidimos seguir lo que parecía el principal, o sea, seguimos de frente.

Andábamos despacio, buscando la poca claridad de la tea para poner los pies en sitio seguro. No íbamos pendientes más que de no colarnos por un 'boquete'.

El techo cada vez era más bajo, aunque no éramos muy altos me acuerdo que nos teníamos que agachar para no darnos en la cabeza, alguno prefirió arrodillarse, pero con las piedras del suelo era peor. Era difícil caminar así alrededor de la antorcha. En seguida empezó a dar menos luz, teníamos que salir.

Delante de nosotros había un agujero en la pared que parecía que comunicaba la cueva con algún otro 'ramal', pero la antorcha ya no nos iba a dar más tiempo. No podíamos avanzar mucho más, pero ya que habíamos llegado hasta allí...

En un arranque de valentía, yo dije que me dejaran la tea y se quedaran quietos allí. Iba a colarme yo sólo por aquel hueco. Teníamos más curiosidad que miedo.

Me dieron la antorcha y, sin pensarlo mucho, me arrastré con ella por un espacio que no llegaba a un metro de alto... mucho menos de un metro, seguro, y de largo... unos tres o cuatro metros, calculo yo.

Con la resina agotándose y soltando chispas que me quemaban la cara y el humo agarrado a la garganta, llegué a ver cómo el techo de la cueva se volvía a levantar en una zona más amplia con una escalera al fondo que subía hasta el techo. Aquella escalera nacía y moría allí mismo, estaba cegada. No tenía salida.

La antorcha se había consumido ya más de lo que debía. Volví a arrastrarme por donde había entrado lo más deprisa que pude. Cuando me reuní con mis amigos corrimos hasta la salida, ya sabíamos que no había más peligro que torcernos un pie o hacernos un arañazo con las paredes toscas.

No recuerdo si la antorcha se apagó porque se acabó la resina, o si la golpeé contra la pared, o si fue al correr con ella en la mano... el caso es que nos quedamos a oscuras antes de poder salir.

No nos atrevíamos ni a hablar, sólo se oían nuestras respiraciones. ¡Qué susto nos llevamos!.

Nos armamos de valor, no quedaba otra, y agarrados unos a otros empezamos a andar en busca de la salida. Andábamos tocando las paredes, caminando despacio. No tardaríamos mucho en ver la claridad de la calle, pero nos pareció una eternidad, y los gritos que dimos cuando nos vimos a salvo asustaron a las palomas de la iglesia que salieron volando sin entender qué pasaba.

Les conté a mis amigos lo que había al final. Les hablé de aquella escalera que no se sabía a dónde subía o de dónde bajaba.

La cueva iba poco a poco hacia la derecha desde la entrada, eso nos pareció, pero ni de mayores hemos sabido nunca calcular a qué altura de la Plazuela estaría la escalera. Estaría... y estará, digo yo que no se la habrán llevado.

Tanto susto nos dio quedarnos a oscuras que se nos quitaron las ganas de volver a entrar. Poco tiempo después taparon aquella entrada para evitar peligros y la cueva se nos olvidó a todos.

Creo que si no me hubierais preguntado nunca me habría acordado de ella. Espero que os valga. Yo he intentado contaros la cosa como fue.

Seguro que alguno de los amigos, que todavía viven todos, se acuerda de algo más. Podéis hablar con ellos si queréis."

No creemos que sea necesario hablar con nadie más. El relato de Juanito es bastante descriptivo.

Aquella cueva quedó olvidada hasta que en una de las últimas rehabilitaciones del entorno de la Torre del Reloj y de la Plazuela de Palacio volvió a abrirse el acceso.

 

Se puso una reja pensando en evitar que se repitiera la aventura de nuestros "espeleólogos particulares" 60 años después.

 

Esa reja tiene una cerradura y la llave se guarda en el Ayuntamiento. Nos pusimos en contacto con los Servicios Técnicos Municipales porque supimos que ellos habían visitado recientemente aquella cueva. Les pedimos alguna foto para ilustrar este escrito, pero aún no las hemos recibido.

 

Cuando las recibamos estaremos encantados de publicarlas y apoyar las descripciones que con tanto detalle nos relató Juanito.


Lo único que conocemos, por ahora, de esta cueva es su trazado. Pero no hay forma de saber dónde iba aquella escalera, ni cuándo o con qué fin se construyó.

 

Sentimos no poder aclarar nada más. Y confesamos que nosotros somos los que nos quedamos con más ganas de conocer su historia.

¿Sería un acceso a Palacio? ¿Lo utilizarían los primeros Condes para llegar a la vieja iglesia allá por el siglo XVI?

 

¿Las marcas de esta parte de la tapia indican que la vieja parroquia llegaba hasta aquí? ¿Pasaba entonces esta cueva por debajo del altar o era un acceso a él?

 

Si tras el asedio francés (siglo XIX) se cubren las ruinas de la iglesia incendiada con escombros para construir la Plazuela de Palacio, ¿por qué no rellenan esta cueva pero sí cierran sus accesos?

 

¿Se excavaría, ya en el siglo XX, durante la guerra civil? ¿Para qué? ¿Qué comunicaba?

 

¿Por qué se vuelve a cerrar después de que Juanito y sus amigos entraran?

 

¿Por qué vuelve a abrirse ahora? 


NOTA A J.Mª.S.M.: No hemos olvidado el otro tema por el que nos preguntaste, publicaremos otro blog hablando de eso.

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