Historia y Origen del Belén

Belenismo

La adoración de los Reyes Magos 

Óleo sobre lienzo 

Bartolomé Esteban Murillo (1660) 

 

 

 

 

“1Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.” (Mateo 2:1-2)


Podemos llamarlo portal de Belén, nacimiento, pesebre, misterio o simplemente belén, porque eso es lo que representa: un rincón de aquella localidad palestina donde se asegura que nació Jesús, según las narraciones que podemos encontrar en los evangelios de Mateo y Lucas, en tiempos del rey Herodes.

 

Las primeras representaciones de la Natividad las encontramos en las catacumbas romanas y, cuando el cristianismo fue cobrando importancia, las imágenes del nacimiento se mostraron dibujadas también en los muros de las primeras iglesias. 

Ésta es, seguramente la imagen más antigua que se conserva 

de la Virgen con el Niño Jesús (s.III)

Catacumbas de Priscila

(Roma)

Pero es en el siglo XIII cuando empiezan a representarse mediante piezas escultóricas

 

Cuenta la tradición que, en 1223, el Papa Honorio III concede permiso al beato Francisco de Asís para poder representar la Navidad mediante figuras en una cueva de Greccio, en la Umbría italiana, y esta misma tradición narra que, durante aquella celebración de la misa de Nochebuena en aquella cueva del Lacio, la figura de piedra que representaba al niño Jesús cobró vida.

Imagen de la gruta de Greccio

donde S. Francisco de Asís representó

por primera vez el Nacimiento de Cristo, en 1223

A partir de ese momento la costumbre de representar el Divino Nacimiento se extiende por toda Italia. Es en el Reino de Nápoles donde, además, empiezan a introducirse personajes de la vida cotidiana en el belén.

Figuras de un típico belén napolitano

Lo que en principio sólo era la Sagrada Familia, el buey, la mula y los tres Reyes Magos, se amplía dándole mayor importancia el espacio escénico y con la representación de los oficios más representativos de la Palestina del rey Herodes siempre, o casi siempre, según los dos Evangelios Canónicos.

 

La tradición belenística napolitana llega a España de mano de la orden franciscana en los siglos XV y XVI, de esta época es el Belén de Coral, de autor desconocido, que aún se conserva en las Descalzas Reales de Madrid, el nombre le viene de que todas sus piezas están esculpidas en coral, plata y esmaltes.


Esta "montaña de coral" fue un regalo 

de Felipe II a las 

Descalzas Reales de Madrid (s.XVI)

 

Este otro belén, de estilo tradicional, también lo encontramos en las Descalzas Reales.

Es del s. XX pero recrea las figuras de los belenes napolitanos del s.XVIII

Más tarde Carlos III fomenta este arte encargando a los mejores escultores del momento más de 200 figuras para el llamado Belén del Príncipe, que no era otro que el futuro Carlos IV

 

Este Belén se caracteriza por tener figuras de diferentes tamaños que favorecen la perspectiva al ser colocadas.

 

Esta representación arraigó con fuerza en las costumbres populares llegando a mantenerse hasta nuestros días.

El belén del Príncipe mide 57 m2 aproximadamente.

 

Carlos III hizo traer de Italia 600 piezas para este conjunto. De aquellas figuras se conservan unas 80.

Actualmente pertenece al Patrimonio Nacional y puede visitarse de manera gratuita en el Salón de Alabarderos del Palacio Real de Madrid.

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