José Sacristán

Goya de Honor al hijo del Venancio

El pasado 12 de febrero la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematrográficas de España otorgó su Premio Goya de Honor, (galardón concedido como reconocimiento a toda una vida de dedicación a la industria del cine) a nuestro vecino, e hijo predilecto de Chinchón, José Sacristán.

 

Y allí estábamos todos, frente al televisor, esperando el momento de aquella entrega tan merecida.

 

Fue la vicepresidenta de la Academia de Cine, Nora Navas, quien se encargó de la presentación utilizando una treintena de los títulos de las más de 100 películas que lleva en su haber el galardonado. Más de 100 películas con sus más de 100 personajes, resumidos y concentrados en la persona de un José Sacristán que salía al escenario emocionado y abrumado por la calurosa ovación de un entregado público puesto en pie.

Foto: José Jordan. Fotogramas.es

Más de 60 años en esto de “ser otro” y, en ese momento, José Sacristán fue “más él” que nunca.

 

El que habló al auditorio fue el hijo del Venancio, y lo hizo en chinchonete del bueno que es un idioma sencillo con olor a tierra bien labrada y a trabajo bien hecho.

 

El que habló a aquella audiencia fue ese chiquillo que asustaba a su abuela Nati disfrazado de indio, el que soñaba con ser actor en la delantera del gallinero del cine de su pueblo natal al lado de su primo Venancio o de su inseparable amigo Cosme, el que aprendió de la sencilla sabiduría de un vecino del pueblo -al que todos conocían como el tío Tomás- una sentencia que no olvidó nunca: que en esta vida lo primero… es antes.

José Sacristán con su madre (foto de la familia - 1940)

Y lo primero, en aquel momento de la gala, fue antes… y fue lo importante.

 

Las raíces se hicieron fuertes y emocionaron a todos los que escuchábamos en la voz recia y profunda de nuestro paisano, - con esa dicción perfecta de actor de los de antes -, cómo se desgranaban los recuerdos como si fueran esos dientes de ajo que el Venancio necesitaba poner en la romana para entender el éxito que iba teniendo su hijo.

 

Y el niño de Chinchón se iba transformando, palabra tras palabra, en un Hombre Grande, con mayúscula las dos, ante nuestros ojos.

 

Un hombre sabio que aprecia dónde ha llegado porque no olvida de dónde viene.

José Sacristán, Goya de Honor 2022. Foto: Efe

Y se acordó de sus hijos y de su mujer, Amparo, que a esas alturas lloraba emocionada y orgullosa entre el público igual que la mayoría de nosotros, sus paisanos, lo hacíamos al otro lado de las pantallas.

 

Será porque todos hablábamos el mismo idioma en ese momento.

 

Y en ese idioma llano y austero de nuestro pueblo, que es el suyo, queremos decirle que:

 

“Aun sabiendo que la simiente era buena no hay que desmerecer el esfuerzo del labrador.

 

¡Enhorabuena, José! ¡Buen trabajo!

 

El Venancio padre y el Venancio primo, la Nati madre y la Nati abuela, la tía Socorro, el tío Francisco, la Teresa… y tantos que ya nos dejaron, también estarían orgullosos de ti hoy y siempre.

Nosotros lo estamos y mucho.

Foto: Papo Waisman / Academia de Cine

Sabemos que pronto tendrás una calle con tu nombre en Chinchón. Ya era hora de que nuestro pueblo luciese tu nombre como tú luces el suyo allá por donde vas.

 

¡Gracias por tanto, maestro!”

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