Chinchón en Fiestas

Desde las Bombas Reales hasta la Almoneda

Agosto llega a mi pueblo y trae aroma de ajo recién sacado... el sabio refranero dice "Chinchón de los ajos, cuestas arriba y cuestas abajo", pero también nos trae aroma a fiesta grande, a pólvora y a arena recién regada.

 

Aroma de nostalgia para los que hace años que no aguantamos despiertos hasta el encierro...

 

Las fiestas de mi pueblo siempre arrancan a las 12 de la mañana de algún día de principios de agosto con una traca, un repique de campanas y un reparto de caramelos y obsequios para los niños en la Plaza Mayor.

En mi época nos volvían locos unos juguetes de hojalata que se llamaban "ranas", podíamos dejar pasar un chicle Bazooka o un Kojak si veíamos el brillo de la hojalata cerca de nosotros ... luego subíamos al cine a ver una película de King-Kong, o de Bruce Lee, y allí a quien volvían loco las "ranas" era al que tuviésemos al lado porque no dejábamos de hacerlas cantar hasta que acababa la película.


Con esto quedaban formalmente inauguradas las fiestas. Luego irían llegando los actos de siempre: la coronación de las Reinas de las Fiestas, los encierros, las procesiones, las corridas de toros, las verbenas con sus repápalos y sus limonás. 

El Ayuntamiento hacía un esfuerzo (entonces se hacían esas cosas) y contrataba a los artistas de moda para que viniesen a cantar en nuestra Plaza Mayor y ponían un alumbrado especial en las calles para esos días, no es que fuera nada ostentoso... sólo eran bombillas de colores que dibujaban flores y guirnaldas y que invitaban a los vecinos a salir a la calle para disfrutar de las fiestas patronales.

 

"El Ata" nos vendía un junco de churros después del encierro. Y llegaba el día de la Virgen y luego el de San Roque


Los castillos de fuegos artificiales (en Chinchón se les llama directamente pólvora) iluminaban aquellas noches de agosto mientras los perros ladraban en las corralizas -recién desbrozadas- y los jóvenes esperaban a que saliera el toro de fuego con los mismos nervios que los mayores habían esperado por la mañana al del aguardiente... 

Y así un año tras otro sin grandes cambios... si no tenemos en cuenta el año que nuestra Patrona la Virgen de Gracia aparecía en el programa de fiestas con un Niño en los brazos. Cosa que se explica de manera muy sencilla: no era la Virgen de Gracia ¡Era la Virgen de los Remedios!

 

Todo quedó en una simpática anécdota, un simple error de imprenta que, como pueden ver, dejó cierto poso en la memoria popular igual que lo hicieron frases como: "Saca el saco al sol pa' que se seque", "Cuando quieras, Emilio" "Gracias Boni, estás en tó" o "Emilio, la chica" que todos los de cierta edad aún recordamos sin esfuerzo y con mucha ternura.


Sea como sea ha llegado otro agosto y las fiestas están aquí, con luces o sin ellas, dejando que los tiempos cambien las "ranas" por atracciones hinchables, los buscapiés del toro de fuego por camiones de bomberos en las laderas del castillo; grabando los recuerdos del mañana en la memoria de los niños de hoy...

 

Y como colofón, esto sí que no lo han cambiado las modas, la tradicional almoneda donde se subastaban, y siguen subastándose, numerosos regalos que los vecinos le hacen al Santo: macetas con plantas verdaderamente espectaculares, ristras de ajos de dos metros de largas, bandejas de dulces caseros, botellas de anís, imágenes del santo pintadas o bordadas con primor por alguna vecina, animales vivos... todo se admite y todo se compra. El caso es colaborar de una u otra manera.

 

Chinchón está en fiestas y yo les invito a cumplir aquella estrofa del repertorio de nuestros entrañables Chispas que decía:

"Bailamos, reímos, bebemos...

mas, con mucha educación,

no nos metemos con nadie (bis)

que eso es lo mejor de t'o"

¡Felices Fiestas y que vivan la Virgen de Gracia y San Roque!

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